A medida que la guerra en Ucrania avanza hacia su cuarto año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó claro cuál líder mundial cree que puede ayudar a Estados Unidos a poner fin al conflicto: Xi Jinping, aliado de Vladímir Putin.
“Con suerte, China puede ayudarnos a detener la guerra con, en particular, Rusia-Ucrania… tienen un gran poder sobre esa situación, y trabajaremos con ellos”, dijo Trump a las élites políticas y empresariales reunidas en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, el mes pasado.
Trump expresó esa esperanza, según dijo en repetidas ocasiones, en una llamada con el líder chino días antes tomar posesión de su cargo el mes pasado, y es un tema que podría plantearse en los próximos días cuando funcionarios de todo el mundo se reúnan en Múnich para una conferencia anual sobre seguridad.
Si bien Trump puede haber complicado su plan de orquestar la paz junto a Xi al imponer un arancel general del 10% a las importaciones chinas en Estados Unidos a principios de este mes, la guerra en Ucrania podría ser un tema de colaboración poco frecuente, especialmente cuando Beijing busca evitar la profundización de las fricciones comerciales.
“Dado lo que está en juego en las relaciones entre Estados Unidos y China, si Trump considera que la cooperación de China es la cuestión crítica que podría mejorar las relaciones entre ambos países, creo que China se sentirá muy tentada… y podría desempeñar un papel útil”, dijo Yun Sun, directora del Programa sobre China del centro de estudios Stimson Center de Washington. Al mismo tiempo, añadió, Beijing se cuidará de no socavar su alineamiento con Rusia.
China lleva mucho tiempo tratando de posicionarse como posible mediador de paz en el conflicto, promoviendo su propia propuesta, vagamente formulada, para resolver la guerra. Pero en Occidente, su apuesta se ha visto eclipsada hasta ahora por otra realidad: el constante apoyo de Beijing a la Rusia de Putin.
Xi se jugaría mucho si se arriesgara a dañar esa alianza, que el líder chino ha construido como parte fundamental de sus objetivos más amplios de contrarrestar la presión de Occidente y remodelar un orden mundial a favor de China.
Y una mesa de negociaciones en la que Xi ocupa un lugar destacado es también una en la que Putin, y no Trump, tiene un socio incondicional, una realidad que Washington tendría que navegar con cuidado si no quiere arriesgarse a aislar a los aliados europeos o llegar a una solución que sea inaceptable para Ucrania, dicen los analistas.






